Puntos clave
- El geólogo Osiris de León advirtió que la región del Caribe atraviesa una fase de alta actividad sísmica: cinco terremotos de magnitud superior a 7 desde 2020.
- Venezuela y Colombia registraron dos rupturas de magnitud casi idéntica —7.5 y 7.4— en poco más de 40 días dentro del mismo bloque tectónico.
- De León recordó que la isla Española ha sufrido diez grandes terremotos históricos, uno de magnitud 8.1 en 1946.
- Sostuvo que el tipo de suelo, y no solo la magnitud, define el nivel de daño: la roca protege y los suelos blandos amplifican las ondas.
- Pidió que el Estado eduque a la población sobre qué hacer antes, durante y después de un sismo para reducir el pánico.
SANTIAGO (Noticia.do).-El geólogo Osiris de León advirtió sobre el riesgo sísmico en República Dominicana y consideró necesario que el país fortalezca sus protocolos de prevención y respuesta ante posibles terremotos. El miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana sostuvo que la actividad reciente en el Caribe y en Suramérica es una señal que las autoridades y la sociedad no deben ignorar.
"Donde hubo terremotos en el pasado, habrá terremotos en el futuro."— Osiris de León, geólogo y miembro de la Academia de Ciencias de la República Dominicana
¿Por qué aumentó la actividad sísmica en el Caribe?
De León explicó en el programa 55 minutos por CDN, que los movimientos telúricos registrados en Venezuela y Colombia forman parte de una dinámica tectónica regional en la que interactúan las placas del Caribe, Cocos, Nazca y Sudamérica.
Según el geólogo, ese empuje multidireccional genera una recomposición geológica que libera energía y activa sistemas de fallas que ya venían en proceso de ruptura. Detalló que en poco más de 40 días la región registró dos rupturas de magnitud casi idéntica —7.5 y 7.4— dentro de un mismo bloque tectónico, algo que, a su juicio, no es habitual y demuestra la complejidad geológica de la zona. Precisó que desde 2020 se han producido cinco terremotos de magnitud superior a 7 en el entorno regional: tres en el área de Jamaica y dos en Venezuela y Colombia.
¿Está República Dominicana en riesgo de un terremoto?
Qué hacer ante un terremoto, según Osiris de León
- Coloca la cama y el gavetero en paralelo, con un pasillo entre ambos; si tiembla mientras descansas, tírate al piso con la cabeza hacia la puerta de salida.
- Refúgiate junto a muebles robustos —el llamado "triángulo de la vida"— para que la losa o la pared caiga sobre ellos y no sobre ti.
- Lleva siempre un pito o silbato en el llavero: si quedas atrapado entre escombros, un soplo permite que los perros de rescate te ubiquen a cientos de metros.
- Mantén dos botellas de agua en cada rincón de la casa: con agua administrada de forma racional se puede resistir semanas hasta ser rescatado.
- Aprende de antemano qué hacer antes, durante y después del sismo: el pánico nace de la falta de información.
El especialista insistió en que el país no está fuera de peligro. Recordó que la isla Española ha sido impactada por diez grandes terremotos registrados en la historia, uno de ellos de magnitud 8.1 con una réplica de 7.6 en agosto de 1946.
De León resumió su lectura del fenómeno en una idea sencilla: donde hubo terremotos en el pasado, habrá terremotos en el futuro. No obstante, matizó que la ocurrencia de un evento no es una fecha marcada en el calendario y que el ser humano sí puede reducir su impacto mediante preparación e ingeniería adecuada. Señaló que ya se cumplen alrededor de 80 años del último gran terremoto que golpeó al país.
¿Por qué el tipo de suelo determina el daño de un terremoto?
¿Qué significa esto para República Dominicana?
De León recuerda que la isla ya ha vivido diez grandes terremotos y que el Valle del Cibao, con sus suelos blandos que amplifican las ondas, concentra buena parte del riesgo. Para las familias dominicanas, conocer hoy qué hacer y dónde refugiarse es la diferencia entre reaccionar con pánico y actuar con preparación.
Para De León, la magnitud no es el único factor que define la tragedia. Citó el principio de que los terremotos no matan, sino que matan los edificios mal construidos, y explicó que una estructura debe evaluarse primero del suelo hacia abajo y no solo del suelo hacia arriba. Sostuvo que la clave está en la respuesta sísmica del terreno: las edificaciones levantadas sobre roca tienden a permanecer intactas, mientras que los suelos blandos amplifican las ondas y multiplican el daño.
Como ejemplo, contrastó lo ocurrido en Haití en 2010, cuando Puerto Príncipe quedó devastado sobre suelo blando mientras que la zona de Pétionville, asentada sobre roca, apenas sufrió afectaciones. El mismo patrón, dijo, explica por qué la Ciudad Colonial de Santo Domingo ha resistido siglos sobre roca caliza, mientras que asentamientos antiguos sobre suelo blando colapsaron en el pasado.
¿Cuáles son las zonas de roca y de suelo blando en el Gran Santo Domingo?
De León describió que buena parte del sur de la capital, desde la avenida Luperón hacia el mar y hasta unos tres kilómetros tierra adentro, se asienta sobre roca. En cambio, desde la Luperón hacia el oeste y desde la avenida John F. Kennedy hacia el norte predominan los suelos blandos. Mencionó que sectores como el Jardín Botánico, Jardines del Norte, Los Prados, San Jerónimo y Las Castellanas descansan sobre arcilla, y que incluso en zonas con promontorios de roca caliza puede haber arcilla justo al lado. Advirtió que la elección del terreno debería ser deliberada y basada en estudios, no una cuestión de suerte.
¿Qué es realmente la falla septentrional?
El geólogo aclaró una confusión frecuente. Explicó que la falla septentrional corresponde al borde norte del valle del Cibao, al pie sur de la cordillera septentrional, y que atraviesa localidades como Navarrete, Villa González, Santiago, Moca y se extiende hasta la zona de Sánchez y Samaná. Diferenció esa falla del límite de contacto entre las placas de Norteamérica y del Caribe, ubicado más al norte, que —según precisó— concentra seis de los diez grandes terremotos registrados en la historia de la isla. La distinción, subrayó, es importante para entender dónde se acumula el mayor riesgo.
¿Qué debe hacer el Estado para reducir el riesgo?
De León planteó que la primera tarea de las autoridades es educar a la población a través de los medios de comunicación, una responsabilidad que consideró indelegable del Estado. Propuso que la publicidad institucional se oriente a la educación sísmica y que el Ministerio de Educación incorpore, a nivel primario y secundario, orientaciones semanales sobre qué hacer antes, durante y después de un evento sísmico. Sugirió además que el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología coordine con las universidades charlas periódicas sobre el tema. A su juicio, esa formación reduciría el pánico, porque lo que angustia a la gente es no saber cómo actuar en el momento. También llamó a multiplicar y regionalizar los cuerpos de rescate, de modo que provincias como Puerto Plata, Montecristi, Higüey o Pedernales no dependan exclusivamente de los equipos de la capital.
¿Por qué falla la sismorresistencia en las construcciones?
El experto afirmó que el problema no es exclusivo de República Dominicana, pero insistió en que la sismorresistencia debe partir de medir la respuesta sísmica local de cada sitio y no de asumirla por norma general. Comparó el proceso con un diagnóstico médico: así como un médico ordena análisis e imágenes antes de emitir un veredicto, un proyecto de hospital, escuela o centro de convenciones requiere un estudio puntual del terreno donde se levantará. Recordó casos internacionales en los que edificaciones vendidas como sismorresistentes colapsaron —desde hospitales en Ecuador hasta apartamentos en Turquía— e incluso un viaducto en Japón diseñado para resistir una magnitud superior que cedió ante un evento menor, porque no se midió correctamente la respuesta del suelo.
En Venezuela, dijo, varias torres de entre 11 y 15 pisos cayeron porque su altura coincidía con el período de vibración del terreno, un dato que, según señaló, estaba disponible en estudios previos. Destacó que países como Chile, Japón y el estado de California han avanzado en la materia, aunque todavía queda camino por recorrer.
