| Arthur | Hanna | Omar |
| Bertha | Isaias | Paulette |
| Cristobal | Josephine | Rene |
| Dolly | Kyle | Sally |
| Edouard | Leah | Teddy |
| Fay | Marco | Vicky |
| Gonzalo | Nana | Wilfred |
La asignación de nombres a los ciclones tropicales corre a cargo de comités regionales especializados, como el Comité de Huracanes para el Atlántico y el Pacífico Norte. Estos organismos crean listas de nombres breves, sencillos de pronunciar y adaptados a la cultura de cada región. En el Atlántico, por ejemplo, se rotan seis listas anuales de 21 nombres masculinos y femeninos organizados alfabéticamente. Aunque estas listas se reutilizan cada seis años, los nombres de las tormentas que causan graves pérdidas materiales o humanas se retiran de forma definitiva por respeto y para no generar confusiones históricas. Este sistema optimiza la comunicación entre los meteorólogos y la población, lo que disminuye los errores en las alertas cuando coinciden varios fenómenos a la vez.
El uso de nombres propios para identificar ciclones se formalizó en 1953, cuando el Centro Nacional de Huracanes (NHC) implementó listas alfabéticas compuestas únicamente por nombres femeninos. Antes de este cambio, las tormentas se bautizaban según el santo del día de su impacto (como el huracán Santa Ana en 1825) o por sus coordenadas geográficas, un método que solía confundir a la población. El sistema dio un giro importante entre 1978 y 1979: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) asumió la gestión de la nomenclatura e integró nombres tanto masculinos como femeninos en español, inglés y francés para las cuencas del Atlántico y del Pacífico.
En 1978 se introdujo el uso de nombres de ambos géneros para los ciclones del Pacífico Nororiental, una práctica adoptada por el Atlántico en 1979. Esta modificación respondió a las demandas de organizaciones defensoras de los derechos de la mujer y movimientos sociales, que rechazaban por ofensivo y sexista el prejuicio de calificar a los fenómenos meteorológicos como "temperamentales" o "impredecibles" bajo una analogía de género.
Elaborado por: Oliver Roosevelt Sánchez Guillén
Ocupación: Divulgador científico, articulista y comunicador especializado en meteorología y sismología
