Por: Luis Fernández

Las relaciones desiguales de poder existentes en el sistema internacional, en que las grandes potencias poseen mayores capacidades económicas, militares, diplomáticas y tecnológicas, lo que les permite ejercer una influencia desproporcionada sobre decisiones de organismos internacionales, están provocando una grave fragmentación del orden internacional.

Sin la participación efectiva de los países en desarrollo, la cooperación internacional pierde legitimidad cuando el poder de unos pocos termina imponiendo intereses particulares, sobre la voluntad colectiva, el diálogo, la búsqueda de consensos y la igualdad soberana de los Estados, lo que afecta seriamente la diversidad del sistema internacional

El mundo ha transitado desde hace muchos años por un sistema de dominación global unipolar en el que una sola potencia concentró una capacidad predominante de influencia económica, militar, tecnológica, financiera y diplomática, hasta el punto de tener un peso decisivo en la definición de las reglas y dinámicas del orden mundial, lo que sucedió posterior a la guerra fría cuando Estados Unidos quedó como la principal potencia mundial tras la desaparición de la Unión Soviética.

La dominación global unipolar describe un sistema internacional caracterizado por una concentración excesiva del poder en manos de una potencia, lo que puede influir de manera desproporcionada en las decisiones internacionales. lo que hace que los Estados más débiles tengan mayores dificultades para desarrollar políticas exteriores independientes.

Esta posición dominante de los Estados Unidos se expresó en su amplia capacidad militar, el peso internacional del dólar, su influencia en organismos financieros y multilaterales, y su liderazgo tecnológico y diplomático, pero la estructura internacional ha experimentado grandes transformaciones, como El crecimiento económico y estratégico de China, la recuperación de capacidades de Rusia y el fortalecimiento de agrupaciones como los BRICS.

A lo que debemos agregar una mayor autonomía de diversas potencias regionales que han contribuido a fortalecer un sistema internacional en el que diferentes centros de poder participen en la elaboración de

normas, negociaciones y mecanismos de cooperación sobre la transición de un orden unipolar hacia uno más multipolar, que facilite una mayor participación de los países en las decisiones internacionales.

En este contexto, el debate no se limita a quién posee mayor poder, sino a cómo se distribuye y cómo se ejercen las relaciones de poder en el sistema internacional, que no pueden seguir utilizándose de manera unilateral, selectiva y como instrumentos de dominación global, sino como mecanismos de cooperación, equilibrio y respeto a la soberanía de los Estados.

El orden unipolar está en esta época de la humanidad quedando atrás, ya no es posible que una sola potencia pueda imponer por si sola las reglas del sistema internacional, existen nuevos actores y el sistema mundial transita hacia una multipolaridad o un orden dividido en áreas de influencia regional, donde las grandes potencias buscan asegurar el control en sus proximidades geográficas.

La competencia entre grandes potencias y la fragmentación de la gobernanza global generan un entorno más incierto y competitivo. La crisis del orden internacional y la transición hacia un escenario multipolar está marcada por la inestabilidad regulatoria, guerras abiertas y una competencia agresiva por recursos estratégicos, tecnológicos y control del comercio internacional.

La geopolítica actual de encamina hacia la transición definitiva hacia un mundo multipolar, donde el orden unilateral encabezado por Occidente está siendo desafiado por el ascenso de nuevas potencias y bloques, que están modificando la distribución del poder internacional y cuestionando la concentración tradicional de las decisiones económicas, comerciales y políticas internacionales.

La multipolaridad real no busca sustituir la hegemonía de occidente, sino impulsar un mundo donde ningún polo político dicte y domine unilateralmente los estándares globales, en esto juega importante papel el sur global al argumental que las reglas de la gobernanza mundial—diseñadas al término de la Segunda Guerra Mundial mediante el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de la ONU— perpetúan una estructura de dominación postcolonial que no refleja la realidad del siglo XXI.

El fin de la dominación global como mecanismo de subordinación y el camino hacia un mundo multipolar, es un indicio de la transformación radical de la gestión del poder, los recursos, las leyes internacionales y la sustitución de un sistema donde una sola potencia dictaba las reglas, por un tablero donde múltiples centros de poder, civilizaciones y regionales coexisten y compiten.

Luis Fernández, Analista Político y escritor

5/10/26

Santo Domingo R.D.