Paloma Bonilla murió sin justicia

Paloma Bonilla, influencer dominicana que quedó parapléjica por mala práctica médica, falleció el 22 de abril de 2026

REPÚBLICA DOMINICANA (Noticia.do).— Paloma Bonilla, la influencer dominicana que durante años convirtió su silla de ruedas en una tribuna para exigir justicia tras quedar parapléjica por una presunta mala práctica médica, falleció el miércoles 22 de abril de 2026 a causa de un infarto, confirmó su familia a través de un comunicado en sus redes sociales. Tenía una hija de 19 años.

Los restos de Paloma Bonilla serán velados este viernes

Paloma Bonilla murió el 22 de abril de 2026 a causa de un infarto, según confirmó su familia mediante un comunicado publicado en su cuenta de Instagram. Sus restos serán velados este viernes en la Funeraria Blandino desde las 9 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde.

La influencer dominicana, conocida por denunciar la mala práctica médica del ortopeda Fredis Reyes que le causó paraplejia durante una cirugía de columna, falleció sin haber recibido una indemnización que considerara justa. El 1 de abril había rechazado públicamente el pago de RD$1.5 millones, calificándolo de «humillante».

Su historia comenzó con una decisión que parecía rutinaria. Bonilla, que años antes se había sometido a una operación para extirpar un tumor benigno en la columna, acudió al ortopeda Fredis Reyes para colocar barras y tornillos que fortalecieran su columna vertebral. El médico le prometió que al tercer día la sentaría, al quinto la pararía y al séptimo estaría en su casa. Fue caminando a esa cirugía.

Al despertar en el pasillo del hospital, supo antes que cualquier médico lo dijera. «Yo no voy a volver a caminar», le dijo a su prima Rocío. Durante 24 horas, cada hora, el personal médico le puyaba las piernas sin obtener respuesta. A las seis de la mañana siguiente la sacaron de nuevo a quirófano sin explicarle nada a su familia. La razón que le dieron: los tornillos estaban muy apretados y le habían inflamado la médula.

Esa explicación era falsa. Una resonancia magnética posterior reveló la verdad: tenía un tornillo de acero inoxidable —no de titanio, como correspondía— perforando la médula espinal, y otro peligrosamente cerca de la arteria aorta. Un segundo médico tuvo que operar de emergencia con un equipo cardiovascular de respaldo por el riesgo de que Bonilla muriera en la mesa. Ella misma organizó su funeral la noche anterior a esa cirugía.

«Yo tuve que pelear por mí, como que era yo la mala», dijo Bonilla en una entrevista televisiva donde relató que el doctor Reyes jamás le habló directamente después del incidente, ni le dio seguimiento. Mientras ella enfrentaba la paraplejia, los costos mensuales de medicamentos, terapias y equipos especiales —entre 50 y 60 mil pesos— y la batalla legal que se extendió por años, el médico continuó ejerciendo y ocupando cargos en instituciones del Estado y en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

El proceso judicial fue agotador. La demanda pedía entre 15 y 20 millones de pesos. El tribunal adjudicó RD$1.5 millones, pagaderos en dos partes. El 1 de abril, apenas 21 días antes de morir, Bonilla rechazó públicamente ese monto en un video: «1.5 millones de pesos no es nada, es humillante, pero recibirlos divididos en 750 mil pesos de manos de abogados con sonrisas como si fuera una victoria porque ‘peor es nada'».

A pesar de todo, Paloma Bonilla nunca dejó de trabajar. Administraba su cuenta de Instagram @detodounpocord2, representaba marcas y visibilizaba la realidad de las personas con discapacidad en República Dominicana. Su esposo, Jochi Guzmán —quien regresó a su lado en el peor momento de su vida, cuando estaban separados— la acompañó hasta el final.

«Con profundo dolor y tristeza, la familia de Paloma Bonilla comunica su sensible fallecimiento», dice el comunicado difundido desde su cuenta personal. Sus restos serán velados este viernes en la Funeraria Blandino de la Avenida Abraham Lincoln, desde las nueve de la mañana.

La muerte de Paloma Bonilla reactiva el debate sobre la responsabilidad médica en República Dominicana y la capacidad del sistema judicial de proteger a pacientes víctimas de negligencia. Su preocupación final, expresada en aquella entrevista, era simple: «¿Qué va a pasar cuando yo tenga 60 y mi esposo 70?»

La respuesta nunca llegó a tiempo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *