Prevalencia de la conducta salvaje

Por Manuel Vólquez

Concluido el largo asueto navideño, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) reportó 29 ciudadanos fallecidos en accidentes de tránsito y cientos de intoxicaciones alcohólicas y alimentarias. No sorprende a nadie esas cifras, pues son eventualidades que se repiten cuando se desbordan las emociones festivas de nuestras gentes al llegar la Navidad y el Año Nuevo. Se vuelven locos desperdiciando dinero en bebidas, ropas y, de manera descomedida, en flancaquelas improvisadas.

Los accidentes viales en nuestro país se han convertido en una pandemia, en una cultura, en razón de que muchos conductores de vehículos circulan embriagados o drogados por calles y autopistas a pesar del control y vigilancia de los agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre. Algunos circulan sin seguro ni licencia y si poseen licencia, la tienen vencida.

Lo alarmante en estos hechos es la intoxicación de menores, con edades comprendidas principalmente entre 3, 11 y 17 años, por la ingesta de bebidas alcohólicas, situaciones que parten de la irresponsabilidad de los padres o tutores de los menores, seres inocentes que deben ser vigilados e incluso confinados en el hogar para evitar que salgan a la calle en ese ambiente festivo.

En cuanto al envenenamiento alimentario, es una historia repetitiva y sucede por la falta de criterio de las personas al seleccionar la comida. Si está metido en trago, el ciudadano es atacado por el hambre y, en esa circunstancia, se lleva a la boca lo que le apetezca, momento en que ingieren gérmenes letales, como virus, bacterias y parásitos o toxinas, que entran en los alimentos.

En la generalidad de las veces, esas intoxicaciones se producen por la compra de comida en puestos callejeros de ventas, no en el hogar. La mayoría de esos negocios no están supervisados por el Ministerio de Salud Pública, por lo que la falta de higiene impera por todas partes, principalmente en los negocios de frituras, frutas, emparedados, comida rápida, etc. En la Navidad y víspera del Año Nuevo vi puestos de ventas improvisados en sitios estratégicos de calles y avenidas donde se vendía carne de cerdos sin supervisión. Es una vieja práctica que se ve más en los barrios habitados por personas humildes.

Al parecer, la jornada “Conciencia por la Vida”, que cada año desarrolla el COE, no cala en nuestra gente, pues ahí están los resultados estadísticos. Es una situación que también observamos en la Semana Santa. La euforia festiva de esos días continuará dando funestos resultados, estadísticas deprimentes. Es un asunto de falta de conciencia individual. Si no cambiamos el comportamiento, el salvajismo mental e irracional, seguirán ocurriendo esas cosas.

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