A primera vista, la estrategia de la administración Trump de endurecer las políticas migratorias parecía una solución directa para impulsar la contratación de trabajadores estadounidenses. La lógica sugería que al reducir la fuerza laboral inmigrante, las empresas se verían obligadas a recurrir a ciudadanos y residentes legales. Sin embargo, la realidad económica ha demostrado ser mucho más compleja, con resultados que contradicen esta simple ecuación.
Contrario a la expectativa, la disminución de inmigrantes en la fuerza laboral no se ha traducido en un crecimiento salarial más rápido, menos vacantes o una tasa de desempleo más baja para los trabajadores nacidos en Estados Unidos. De hecho, la tasa de desempleo para los nativos aumentó al 4.7% en enero, superando el índice general y el de los trabajadores nacidos en el extranjero. Las ganancias salariales promedio también han mostrado un crecimiento más lento.
La expulsión de inmigrantes y la restricción de nuevas entradas han generado una menor demanda general de bienes y servicios. Esto significa que, si bien hay menos trabajadores disponibles, también hay menos consumidores. Como señala Stan Veuger del American Enterprise Institute, la reducción de la inmigración neta y el aumento de las deportaciones no solo eliminan trabajadores, sino también clientes para las empresas.
En muchos sectores, los puestos de trabajo que dejan los inmigrantes no son automáticamente ocupados por trabajadores nativos. Sectores como la agricultura dependen en gran medida de mano de obra inmigrante, a menudo dispuesta a realizar trabajos que la mayoría de la población nativa no está dispuesta a hacer debido a preferencias, habilidades o niveles educativos. Esto crea una escasez artificial que no se resuelve simplemente con la salida de trabajadores extranjeros.
Además de las políticas migratorias, otros factores complican el panorama laboral. Las políticas comerciales de Trump y la incertidumbre que generan han afectado negativamente a industrias como la manufacturera, llevando a despidos. Paralelamente, el auge de la inteligencia artificial (IA) está impulsando a las empresas a buscar soluciones automatizadas para aumentar la productividad, lo que también puede reducir la necesidad de contratar personal humano.
