Monseñor Morel Diplán advierte que el país atraviesa una crisis moral profunda
SANTO DOMINGO (Noticia.do) Catedral Primada de América fue el escenario del Tedeum con motivo del 182 aniversario de la Independencia Nacional este viernes, una ceremonia a la que asistió el presidente Luis Abinader, acompañado de la vicepresidenta Raquel Peña y la primera dama Raquel Arbaje.
La ceremonia religiosa estuvo a cargo del arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, quien transformó el acto protocolario en una advertencia directa al Estado y a la sociedad dominicana: el país atraviesa una crisis moral profunda, y la soberanía nacional está siendo objeto de atentados que van más allá de lo militar.
Un diagnóstico que nadie esperaba en la misa de Independencia
Con el presidente de la República sentado en primera fila, Morel Diplán no habló de glorias patrias ni de elogios a la gestión gubernamental. Habló de amenazas. Enumeró lo que llamó «nuevos y sutiles matices» del atentado contra la soberanía dominicana: las irregularidades persistentes en las fronteras, pese a los esfuerzos del Estado; la explotación irracional de los recursos naturales por manos nacionales y extranjeras; y la propagación de ideologías que —dijo— pretenden normalizar comportamientos contrarios a la ley natural, incluyendo una referencia explícita a personas que «se autoperciben como animales u objetos inanimados», en alusión a la denominada ideología therian.
El prelado también calificó la avaricia como «el cáncer más despiadado que tiene la humanidad en estos momentos» y la identificó como uno de los males que más corroe el tejido social dominicano, en particular entre los jóvenes. Ese señalamiento no es nuevo: en febrero de 2026, el mismo Morel Diplán había afirmado públicamente que la corrupción es un «mal endémico» en República Dominicana con raíces históricas que se remontan a la dictadura trujillista.
El arzobispo que será el próximo titular de Santo Domingo
El peso del mensaje de Tomás Morel Diplán en el Tedeum va más allá de la coyuntura. El papa León XIV lo nombró arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo con derecho de sucesión, lo que significa que asumirá automáticamente como arzobispo titular cuando la sede quede vacante. Nacido en Monte de la Jagua, Moca, provincia Espaillat, en 1969, fue ordenado sacerdote en el año 2000 para la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros —la ciudad donde tiene sus raíces pastorales— y tiene una licenciatura en Teología Moral por la Academia Alfonsiana de Roma.
Su tono en el Tedeum no es un accidente. Desde que asumió como coadjutor, Tomás Morel Diplán ha fijado posición ante la Suprema Corte sobre la justicia como virtud cardinal, ante el Poder Ejecutivo sobre la corrupción y ahora, ante el presidente en el acto más solemne del año, sobre la crisis moral y la soberanía. Es la voz de una Iglesia que recupera protagonismo en el debate público dominicano.
El llamado a los líderes políticos: unidad sin distinción partidaria
Al cierre de su homilía, el arzobispo coadjutor exhortó a líderes políticos, empresarios, organizaciones sociales e iglesias a trabajar unidos por el bien común, destacando que construir una nación fuerte requiere coherencia moral y compromiso colectivo. Fue un llamado que, en el contexto de un año de intensa actividad política preelectoral, suena menos pastoral y más programático.
«Es tiempo de que los hombres y mujeres de buena voluntad, sin importar afiliaciones políticas, se unan para rescatar los valores que nos distinguen como nación», afirmó el prelado, en palabras que resuenan distintas según quién las escuche en una República Dominicana donde la Independencia Nacional se celebró este año entre discursos de rendición de cuentas, réplicas de la oposición y una homilía que no le cedió terreno a nadie.
Tras el Tedeum, el presidente Abinader depositó una ofrenda floral en el Altar de la Patria, donde reposan los restos de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella.











