30 osamentas halladas: así buscan a Enriquillo en Azua

Enriquillo previo a su muerte padecía de tuberculosis

Por Maxwell Reyes | Noticia.do

Santiago.-Treinta cuerpos han sido recuperados de las ruinas de la antigua iglesia colonial Las Mercedes, en Pueblo Viejo, provincia Azua, en el marco del proyecto «Tras los Restos del Cacique Enriquillo». La excavación, que concluyó su fase de campo el 28 de febrero, fue coordinada por la arqueóloga dominicana Kathleen Martínez, quien explicó en detalle el proceso científico que determinará si entre esas osamentas está el líder taíno más emblemático de la resistencia indígena americana.

De 30 cuerpos a uno: el filtro científico que viene

El trabajo no termina con desenterrar huesos. Según Kathleen Martínez, lo que viene es igualmente exigente. El equipo multidisciplinario —integrado por especialistas de Egipto, España y República Dominicana en osteología, antropología física y forense— elaborará primero un perfil osteobiológico de cada individuo: sexo, estatura, edad aproximada y posibles enfermedades.

El primer filtro es de género. Como la búsqueda apunta a Enriquillo, las osamentas femeninas quedan descartadas de inmediato. Del grupo de hombres, el equipo buscará una huella muy específica: marcas de tuberculosis en los huesos.

«La tuberculosis normalmente deja marcas en los huesos de las costillas y también un ensanchamiento en las piernas», explicó Martínez. Los documentos históricos señalan que Enriquillo murió enfermo, y esa dolencia es el rasgo físico más verificable que podría vincularlo a un esqueleto del siglo XVI. Si además ese individuo presenta ADN de origen indígena caribeño, la coincidencia sería el argumento científico más sólido para concluir que los restos son suyos.

Las muestras de ADN serán enviadas a un laboratorio internacional —posiblemente fuera del país— en sobre sellado y bajo cadena de custodia. Los resultados, en el mejor de los casos, podrían estar disponibles antes de que termine 2026.

Radares israelíes, equipo de Egipto y una carta del siglo XVI

La selección del sitio no fue al azar. La investigación histórica que sustenta la excavación fue desarrollada durante diez años por la historiadora Lidia Martínez de Macarrulla, quien revisó archivos en España y encontró documentos en los que el encomendador de Enriquillo comunicó a la Corona que el cacique había muerto «cristianamente» y había sido enterrado en ese lugar, a petición propia.

Para precisar dónde excavar dentro de las ruinas, se utilizaron radares de penetración profunda de fabricación israelí, que identificaron puntos específicos de interés en el subsuelo. El equipo fue directo a esos puntos.

Kathleen Martínez, quien interrumpió sus excavaciones en busca de la tumba de Cleopatra en Egipto para encabezar esta misión, trajo consigo parte del equipo de Alejandría. «No encuentro diferencia entre Cleopatra y Enriquillo», dijo. «Son personajes extraordinarios que merecen ser buscados.» La doctora egipcia Aya Salem, miembro del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, estuvo a cargo de los trabajos de osteología. También participaron los arqueólogos españoles María Luz Carretero Hernández, Eva María Moreno González, Antonio Guio Gómez y Adolfo López, además de los dominicanos Juan Peña y Melisa Berigüete.

Además de buscar a Enriquillo, el equipo levantó planos arqueológicos del yacimiento —que no existían—, clasificó y recolocó 240 bloques de piedra de la antigua nave de la iglesia, y consolidó sus muros para protegerlos de lluvias y ciclones. Es lo que en arqueología se llama anastilosis: devolver cada pieza a su lugar original.

Entre la fe y el escepticismo: Pueblo Viejo espera

La comunidad de Pueblo Viejo lleva décadas escuchando que Enriquillo está enterrado ahí. «Yo tengo muchos años que dicen que ahí, que ahí», dijo un vecino del lugar a CDN. La expectativa es real, pero también el escepticismo. Un residente citó los terremotos de 1751 como argumento para dudar de que quede algo intacto bajo los escombros. «Por eso le digo que se van a agarrar millones y no van a lograr nada», advirtió.

Pero la mayoría mira hacia adelante. La posibilidad de un museo, de turistas que lleguen, de que Pueblo Viejo —un sector sin mayor dinamismo económico— se convierta en destino cultural, mueve tanto como la historia misma. «Si lo encuentran, que se logre mucho éxito para que le dé mucha vista al pueblo», resumió otro morador.

Kathleen Martínez también ve en esa comunidad un elemento esencial del proyecto. Los trabajadores locales fueron quienes movieron, a pulso, los 240 bloques de piedra. «La arqueología moderna es la ciencia de la democracia del conocimiento», dijo. «Se trabaja con la ciencia y se trabaja con la comunidad.»

El proyecto, respaldado por la Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (Propeep) y la Fundación Macarrulla con una inversión estimada de 1.5 millones de dólares, también prevé entrenar arqueólogos dominicanos con técnicas internacionales de última generación, para que el país pueda gestionar sus propios yacimientos en el futuro.

Enriquillo resistió 14 años en la Sierra del Bahoruco antes de que la Corona española se sentara a negociar con él. Nunca fue capturado. Murió, según los documentos, en paz y con los suyos. Encontrarlo cinco siglos después requiere paciencia del mismo calibre.

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