El mercado de bonos, a menudo percibido como complejo, es fundamental para diversificar carteras y mitigar la volatilidad. A pesar de su aparente complejidad, los bonos son instrumentos de deuda sencillos que ofrecen una alternativa a las acciones. Comprender sus características básicas es clave para cualquier inversor.
Un bono representa un préstamo que una entidad (empresa o gobierno) obtiene de inversores. A cambio del capital, la entidad paga un interés periódico (cupón) y devuelve el principal en la fecha de vencimiento. A diferencia de las acciones, las características específicas de cada bono se detallan en un documento legal llamado prospecto o escritura de emisión.
Las agencias calificadoras (como S&P, Moody’s, Fitch) evalúan la calidad crediticia de los bonos. Las calificaciones van desde "grado de inversión" (AAA a BBB), que indican bajo riesgo, hasta "bonos basura" (BB o inferior), que son más especulativos.
Los rendimientos miden el retorno de la inversión. Los más comunes son:
Los bonos pagan intereses a través de pagos de cupón periódicos. Los bonos de cupón cero no pagan intereses periódicos; la ganancia proviene de la diferencia entre el precio de compra con descuento y el valor nominal al vencimiento. Los bonos convertibles ofrecen la opción de ser convertidos en acciones de la empresa emisora.
