Puntos clave
- Osiris de León advirtió que un terremoto en República Dominicana es cuestión de tiempo y que el país no está preparado.
- El daño en Venezuela se debió a suelo blando, edificios con fallas de rigidez y normas de construcción no actualizadas, no solo a la fuerza del sismo.
- La placa del Caribe se mueve 20 mm al año; el geólogo prevé un sismo dominicano de entre 7.5 y 8 grados.
- Su receta: microzonificación obligatoria, actualizar el reglamento R-001 cada cinco años y obras del Estado sismorresistentes.
Por Maxwell Reyes | Noticia.do
SANTIAGO.-El geólogo Osiris de León advirtió que el próximo terremoto en República Dominicana es cuestión de tiempo y que el país aún no está preparado para resistirlo. En entrevista en el programa Despierta con CDN, el presidente de la Comisión de Supervisión de Infraestructuras Públicas ante el Cambio Climático usó la tragedia de Venezuela para exigir microzonificación sísmica, actualización del código de construcción y obras del Estado diseñadas con criterio sismorresistente.
De León sostuvo que el daño masivo en Venezuela no fue obra exclusiva de la fuerza del sismo, sino de una combinación de suelo blando, edificaciones con fallas de rigidez y normas de construcción no actualizadas. Su mensaje central para los dominicanos fue directo: cada terremoto en otro país del Caribe es una lección que República Dominicana ha desaprovechado, y el costo de seguir ignorándola se mide en vidas.
Datos clave
70 %de la construcción en República Dominicana es informal: se levanta sin estudios, cálculos ni aprobación oficial. Fuente: Osiris de León en Despierta con CDN.
20 mm/añoes el desplazamiento de la placa del Caribe hacia el este-noreste, energía que se acumula hasta que la roca rompe.
El especialista recordó que el Caribe comparte un mismo "espejo" sísmico. Citó el terremoto de Haití del 12 de enero de 2010, que dejó —según los datos que manejó en la entrevista— unas 400,000 estructuras colapsadas, 316,000 muertos, 350,000 heridos y un millón y medio de personas sin hogar, además del derrumbe de unas 5,000 escuelas públicas. A ese evento sumó el sismo de Puerto Rico del 7 de enero de 2020 y el segundo terremoto de Haití del 15 de agosto de 2021, sobre la misma falla que rompió en 2010. "Esa falla rompió a los 11 años", señaló, para desmontar la idea de que una falla solo se activa cada cien años.
Sobre las causas técnicas del desastre venezolano, De León identificó tres factores que se combinaron: un epicentro relativamente cercano, un hipocentro somero —de poca profundidad— y un suelo flexible en el norte de Venezuela, compuesto por arcilla, limo, arena y abanicos aluviales de pie de monte. "Donde quiera que tú tienes un cambio brusco de la montaña a la llanura, todo el material de la llanura es material transportado del alto relieve al bajo relieve", explicó, y comparó ese escenario con el valle del Cibao, donde se acumula lo que baja de la Cordillera Central y de la Septentrional.
El geólogo cuestionó además el tipo de colapso observado en Caracas. En lugar de volcarse de lado, los edificios se desplomaron verticalmente, "tipo panqueque", por un contraste de rigidez entre los niveles inferiores y los superiores. Esa diferencia, dijo, es la que decide quién sobrevive: en el edificio Alto Río de Chile, durante el terremoto del 27 de febrero de 2010, la estructura se volcó hacia un costado y solo murieron nueve personas porque la inmensa mayoría pudo salir por sus propios medios. Cuando un edificio se desgrana piso sobre piso, en cambio, las víctimas quedan atrapadas bajo cientos de toneladas y las probabilidades de sobrevivir son mínimas.
"Sabemos que en algún momento va a volver uno entre 7.5 y 8. No es un tema de alarmismo."— Osiris de León, geólogo, en Despierta con CDN
De León estimó que la cifra de víctimas en Venezuela será muy superior a la reportada hasta ahora. Por el tipo y la cantidad de colapsos, y porque el sismo ocurrió a las seis de la tarde —cuando mucha gente estaba en su casa—, proyectó que una gran parte de los desaparecidos, que él situó entre 40,000 y 50,000, podría continuar bajo los escombros a la espera de equipos mecánicos para removerlos. Aclaró que se trata de su estimación profesional y no de una cifra oficial.
Para República Dominicana, el riesgo es concreto. De León explicó que la placa del Caribe se desplaza hacia el este-noreste unos 20 milímetros cada año, un movimiento que acumula energía hasta que la roca se destraba y rompe. El país ya vivió ese proceso: el 4 de agosto de 1946 se registró un terremoto de magnitud 8.1, seguido el 8 de agosto por otro de 7.6, que terminó de derribar lo que el primero había dejado en pie. En 2003, el 22 de septiembre, Puerto Plata sufrió un sismo de magnitud 6.5. "Sabemos que en algún momento va a volver uno entre 7.5 y 8″, advirtió, al insistir en que no se trata de alarmismo sino de física.
El experto dedicó un tramo de la entrevista al manejo de las alertas de tsunami, que considera mal calibrado. Sostuvo que una alerta solo debe emitirse cuando se cumplen cuatro condiciones simultáneas: magnitud superior a siete, hipocentro de poca profundidad, epicentro en el mar y falla de movimiento vertical. Las fallas de desgarramiento, que se mueven horizontalmente —como la de Puerto Príncipe, la de San Andrés o la de Anatolia en Turquía—, no generan tsunami. Las fallas verticales sí, y en territorio dominicano están en Puerto Plata, Sosúa, Cabarete y Río San Juan. Fue una de esas fallas la que provocó el maremoto de 1946 que, en sus palabras, "se llevó a Matanzas el mar". Su preocupación es que las alertas innecesarias erosionen la credibilidad: "El día que realmente proceda la alerta de tsunami, la gente no la va a creer".
| Evento | Fecha | Magnitud |
|---|---|---|
| Terremoto de Santiago y La Vega | 1562 | Destrucción de ambas ciudades |
| Terremoto y maremoto del nordeste | 4 de agosto de 1946 | 8.1 |
| Réplica mayor | 8 de agosto de 1946 | 7.6 |
| Terremoto de Puerto Plata | 22 de septiembre de 2003 | 6.5 |
¿Qué se puede hacer?
¿Qué significa esto para República Dominicana?
El país comparte la misma frontera de placas que Venezuela y ya vivió sismos mayores en 1946 y 2003. La microzonificación que pide De León afectaría decisiones cotidianas: saber qué suelo hay bajo una vivienda antes de comprarla o alquilarla, algo clave también para la diáspora dominicana en Nueva York, Nueva Jersey, Massachusetts, Florida y Filadelfia que invierte en propiedades en la isla.
De León propuso un aislamiento sísmico para las obras críticas, una técnica que Japón y Chile ya exigen en sus hospitales. El sistema consiste en colocar, en la base de la estructura, un amortiguador de capas alternas de acero y caucho que disipa la energía del sismo: el suelo se mueve, pero el edificio se mantiene estable. En República Dominicana, dijo, el único caso donde se está aplicando es el hospital de San Francisco de Macorís. El costo adicional, según el geólogo, ronda entre un 10 y un 15 % del presupuesto, y puede compensarse reduciendo el área de construcción sin sacrificar calidad.
El especialista también apuntó a un problema estructural del país: el modelo constructivo repetido sin considerar la respuesta sísmica local del terreno. Recordó que Santiago y La Vega cayeron con el terremoto de 1562, mientras la Ciudad Colonial de Santo Domingo, asentada sobre roca caliza, ha resistido diez sismos sin daño estructural pese a estar a menor distancia de los epicentros. Para ilustrar que la distancia no protege, citó cómo un terremoto en Myanmar derribó un edificio de 30 pisos en Tailandia a 1,000 kilómetros, y cómo el sismo de México de septiembre de 1985, con epicentro en Guerrero, devastó el Distrito Federal a 440 kilómetros por el tipo de suelo lodoso.
Su receta final fue concreta. Primero, una microzonificación sísmica obligatoria en cada núcleo urbano con más de 10,000 habitantes, publicada de forma accesible para que cualquier persona —incluida la diáspora que compra propiedades en el país— sepa qué tipo de suelo hay donde le venden un solar, una casa o un apartamento. Segundo, actualizar el reglamento sísmico R-001, que hoy divide el país en apenas dos zonas pese a que solo Santiago tiene más de 20 tipos de suelo distintos, con revisión cada cinco años. Tercero, revisar las estructuras envejecidas, cuyo hormigón degradado y acero corroído pueden fallar incluso sin sismo, como ocurrió con un colapso en abril del año pasado. Cuarto, reducir el 70 % de construcción informal que se levanta sin estudios, cálculos ni aprobación oficial. Y quinto, que todas las obras del Estado —escuelas, hospitales, iglesias, puentes y pasos a desnivel— pasen sin excepción por el tamiz de la sismorresistencia.
"Tenemos que robustecer nuestras estructuras pensando en los terremotos, pensando en los huracanes, pensando en las crecidas de ríos", concluyó De León, quien afirmó mantener comunicación permanente con los gestores de riesgo de todo el Caribe para llevar un mensaje común a la región.
