¿Qué significa realmente este fenómeno climático?
Por: OLIVER ROOSEVELT SÁNCHEZ GUILLÉN
En los últimos meses, la posible llegada del fenómeno de El Niño se ha convertido en un tema de conversación global. El uso de términos alarmantes en los medios de comunicación, como "Súper El Niño" o "Niño Godzilla", ha generado pánico e incertidumbre en millones de personas. Sin embargo, es importante mantener la calma: estos eventos extremos no son nuevos y ya han ocurrido varias veces en la historia reciente, con registros destacados en los periodos 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.
De acuerdo con el informe más reciente del Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe un 82% de probabilidad de que El Niño se establezca formalmente entre mayo y julio de 2026. Además, los expertos estiman un 96% de probabilidad de que sus efectos se extiendan durante todo el invierno, prolongándose posiblemente hasta febrero de 2027. En términos sencillos, el cierre de este año y el inicio del próximo estarán bajo la clara influencia de este evento climático.
Los llamativos apodos de "Súper El Niño" o "Niño Godzilla" son simplemente formas informales de referirse a un evento "muy fuerte". Científicamente, esto ocurre cuando las temperaturas de las aguas superficiales en el océano Pacífico ecuatorial (central y oriental) superan los 2 grados Celsius por encima de su promedio habitual. Para medir esta intensidad, los científicos monitorean áreas específicas del océano utilizando herramientas avanzadas como boyas marinas, satélites y modelos meteorológicos.
Para entender mejor cómo se clasifica este fenómeno, los expertos utilizan la temperatura del agua como termómetro de su intensidad:
- Débil: Cuando la temperatura está entre 0.5 y 0.9 °C por encima de lo normal.
- Moderado: Si el aumento es de 1.0 a 1.4 °C.
- Fuerte: Cuando los valores se elevan entre 1.5 y 1.9 °C.
- Muy fuerte o intenso: Cuando iguala o supera los 2.0 °C.
El último evento de intensidad "muy fuerte" se registró en 2015, provocando efectos globales drásticos que incluyeron sequías extremas en algunas regiones e inundaciones catastróficas en otras.
A pesar de estas clasificaciones, es fundamental comprender que cada evento de El Niño es único y sus impactos varían según la época del año y la geografía. En la región del Caribe, por ejemplo, suele traducirse en sequías, olas de calor más intensas y una menor actividad de huracanes, especialmente entre junio y agosto.
Finalmente, los expertos aclaran un punto clave: un fenómeno más intenso no significa automáticamente un clima más destructivo, sino una mayor probabilidad de que ocurran alteraciones. La historia lo demuestra: el evento de 1986-1987 fue clasificado como moderado, y aun así provocó efectos climáticos extremos a nivel mundial.
El autor de este artículo es divulgador científico, articulista y comunicador especializado en meteorología y sismología. Residente en Santiago de los Caballeros.
Contacto: infooliverroosevelt@gmail.com
