Por Maxwell Reyes | Noticia.do
SANTIAGO.-Retirar del sistema eléctrico nacional las barcazas de generación de energía —conocidas como powerships— agravaría los apagones en República Dominicana y dificultaría la recuperación tras un corte total de electricidad, advirtió el economista Henri Hebrard en un análisis reciente del sector energético del país. Sus declaraciones en el programa El Sol de la Tarde llegan en un momento en que el debate sobre la continuidad de estos contratos está sobre la mesa.
Las barcazas como estabilizadoras del sistema eléctrico
Hebrard, economista de origen francés radicado en el país, explicó que las barcazas de la empresa turca Karpowership —ancladas en Puerto Viejo, provincia de Azua— cumplen una función técnica que va más allá de su aporte en megavatios: permiten ser la primera planta en entrar al sistema tras un apagón generalizado, lo que resulta crítico para restablecer el suministro de manera progresiva.
«Cuando se cae un sistema es como cuando se cae un ascensor que le cortaron los cables. Para volver a subir es de poquito a poquito», explicó Hebrard para ilustrar cómo funciona la recuperación tras un blackout. República Dominicana ha sufrido dos apagones generalizados en menos de ocho meses, lo que hace que esa capacidad de respuesta rápida sea especialmente relevante.
El economista también precisó un dato que ha generado confusión en el debate público: las barcazas no representan el 13% de la generación total del parque eléctrico nacional, sino el 13% del incremento de generación registrado entre 2022 y 2025, período en que el sistema creció en más de 3,500 gigavatios-hora (GWh). El aporte de Karpowership sobre la generación total es de apenas un 2%.
¿Por qué se necesitan si son más caras que otras plantas?
El costo de generación de las barcazas es uno de los argumentos más utilizados por sus críticos. Según datos del Ministerio de Energía y Minas de República Dominicana, el costo variable de Karpowership ronda los 106 dólares por megavatio-hora, frente a los 34 dólares de Punta Catalina. Hebrard no esquiva esa realidad: reconoce que una unidad generada a fueloil puede costar entre dos y tres veces más que una a carbón.
Sin embargo, el economista sitúa ese costo en su contexto: las barcazas no están diseñadas para operar todo el año ni como generación base, sino para entrar en los meses de alta demanda —especialmente entre julio y octubre— y sustituir fuentes aún más costosas y contaminantes. «La electricidad más costosa es la que no se tiene», resumió Hebrard, apuntando a que el verdadero costo de un apagón para la economía supera cualquier tarifa de emergencia.
El reto de las energías renovables y el mix energético ideal
Hebrard también abordó uno de los dilemas estructurales del sistema: a medida que República Dominicana aumenta su participación de energías renovables —solar, eólica, biomasa—, crece también la necesidad de contar con plantas de generación base estables que compensen la intermitencia natural de esas fuentes.
«Cuanto más energías renovables introduces, más necesitas acompañarlas de un sistema que sirva como base, que regule y estabilice», explicó. En la actualidad, el mix energético dominicano se distribuye aproximadamente así: 40% gas natural, 30% carbón, 20% energías renovables no convencionales y 10% otras fuentes. Para Hebrard, esa distribución representa un equilibrio «bastante positivo» que debe mantenerse y ampliarse conforme crece la economía.
La proyección de largo plazo es contundente: en los próximos 12 a 15 años, el tamaño de la economía dominicana podría duplicarse, lo que exigirá un aumento de al menos 50% en la capacidad de generación del país. Eso implica nuevas inversiones tanto en energías limpias como en generación base, en un contexto en que los organismos financieros internacionales ya se niegan a financiar plantas de carbón en países como el nuestro, aunque sí lo hacen en China.
El déficit financiero: un problema distinto al de la generación
Al ser consultado sobre el déficit financiero del sector eléctrico, que en años recientes ha superado los 1,700 millones de dólares anuales, Hebrard fue claro en separar los problemas: el déficit no proviene principalmente del costo de generación, sino de las pérdidas eléctricas —técnicas y no técnicas— que superan el 40% en algunas distribuidoras. En ese contexto, el costo de las barcazas es un factor, pero no el determinante del desequilibrio financiero del sector.
El debate en torno a Karpowership continuará en la medida en que sus contratos vencen a finales de 2026 y el gobierno evalúa nuevos modelos de contratación para asegurar generación de respaldo hasta 2028. Lo que quedó claro en la explicación de Hebrard es que la discusión no puede reducirse a si las barcazas son caras o baratas: su rol en la arquitectura del sistema eléctrico dominicano es más complejo —y más necesario— de lo que el debate político suele reconocer.





