Por Maxwell Reyes | Noticia.do
SANTIAGO.-El historiador Frank Moya Pons, considerado el mayor cronista de la historia dominicana contemporánea, fue categórico al analizar el proceso de independencia del país: Pedro Santana cometió una traición que pudo haber evitado, en un momento en que las amenazas que justificaban la anexión a España ya habían desaparecido.
Moya Pons lo dijo en el programa ¿Y tú… qué dices?, conducido por el periodista Fausto Rosario Adames y transmitido diariamente por AcentoTV.
El Tratado de Basilea: cuando España regaló Santo Domingo para recuperar Navarra
Para entender la independencia dominicana, Moya Pons retrocede hasta 1795. Ese año, tras la derrota española en la guerra contra Francia, ambas potencias negociaron en Basilea, Suiza. España necesitaba recuperar Navarra, ocupada por las tropas napoleónicas, y sus diplomáticos ofrecieron la parte oriental de La Española —hoy República Dominicana— como moneda de cambio.
Fue en ese momento cuando el ministro gobernante español, Manuel Godoy, conocido en Madrid como «el Príncipe de la Paz», se opuso a la cesión con una frase que Moya Pons reprodujo textualmente: consideró que Santo Domingo era «un cáncer en las manos de cualquiera que lo posea», porque Godoy entendía que la revolución haitiana que ya se gestaba duraría décadas y sería devastadora. Y no se equivocó.
La revolución haitiana, que comenzó en 1791, le costó 300,000 vidas al pueblo que luego formaría Haití. También causó la muerte de 52,000 soldados franceses, 25,000 ingleses y forzó la emigración de más de 100,000 personas del lado español de la isla. Una catástrofe demográfica de proporciones que pocos dominicanos dimensionan hoy.
Boyer debilitó a Haití; los Trinitarios aprovecharon el momento
La independencia dominicana, explicó Moya Pons, no fue solo un acto de heroísmo voluntarioso. Fue posible porque Haití, la potencia que controlaba la isla entera desde 1822, había dejado de ser un poder militar real para cuando los Trinitarios lanzaron su campaña.
Tras la revolución, Haití se dividió entre el norte —liderado por Henry Christophe, quien se proclamó rey Enrique I— y el sur, bajo Alexandre Pétion. Esa división facilitó el ascenso de Jean Pierre Boyer, quien unificó la isla y gobernó 28 años, entre 1820 y 1843. Pero ese cuarto de siglo transformó a Haití en una sociedad campesina, más interesada en cultivar sus lotes que en sostener ejércitos. Boyer fue derrocado precisamente porque su impopularidad creció al insistir en mantener una estructura política que nadie quería sostener.
Fue en ese vacío donde actuaron los Trinitarios. Frank Moya Pons calculó que el promedio de edad de aquellos jóvenes era de 28 años. Juan Pablo Duarte había nacido en 1813. Los llamó «idealistas» porque creían posible mantener una república independiente de cualquier potencia extranjera, en un escenario geopolítico donde Inglaterra, Francia y España merodeaban la isla con intereses propios. Los conservadores —Tomás Bobadilla, los hermanos Pedro y Ramón Santana, Buenaventura Báez— eran, en palabras del historiador, «realistas»: conocían los límites reales del poder dominicano y apostaban por buscar respaldo externo.
La traición que no tenía justificación
El análisis más contundente de Moya Pons fue sobre Pedro Santana. El hatero del Este fue el músculo militar que hizo posible la independencia en 1844 y que derrotó militarmente las invasiones haitianas. Pero su decisión de aceptar la anexión a España en 1861 fue, a juicio del historiador, «una traición» a todo lo que había construido.
Lo que hace más grave ese juicio es la conclusión de Moya Pons: la traición era innecesaria. El general haitiano Faustino Soulouque, quien había amenazado con que «ni las gallinas quedarían vivas» en el lado oriental de la isla si tomaba el control, fue derrocado por su propia oficialidad antes de lanzar una tercera invasión. El general Fabre Geffrard, que lo sustituyó, envió señales claras al gobierno dominicano: la época de las invasiones había terminado; lo que procedía era negociar.
Santana no lo creyó. Y en ese error de lectura geopolítica —combinado con la presión de negociadores españoles, el gobernador de Cuba Francisco Serrano y el general O’Donnell en Madrid, que soñaban con reconstruir el Imperio Español en América— terminó aceptando la anexión. España no quería un protectorado; quería la colonia completa.
El resultado fue la Restauración de 1863, una guerra que demostró que el pueblo dominicano nunca aceptó aquella decisión.
Un debate que no ha terminado
Moya Pons reconoció que la figura de Santana sigue siendo polémica, en parte porque Joaquín Balaguer tomó la decisión de mantenerlo en el Panteón Nacional. Para el historiador, hay «dos Santanas»: el de 1844, que salvó la independencia, y el de 1861, que la traicionó. Duarte, en cambio, tiene un sitial sin ambigüedades: murió en el exilio en Venezuela en 1876, sin propiedades, sin poder, y fue proclamado Padre de la Patria en 1891.
La entrevista, parte del programa ¿Y tú… qué dices? de Fausto Rosario Adames por AcentoTV, es una de las reflexiones más completas que el autor del Manual de Historia Dominicana ha ofrecido sobre este período en los últimos años. Una lección que, a 181 años de la proclamación del 27 de febrero de 1844, sigue siendo urgente para entender quiénes somos.




