Religión como arma ideológica

manuel volquez

Manuel Vólquez

El papa León XIV expresó preocupación porque la religión se utiliza para justificar guerras y atrocidades. No ha dicho nada que no sepamos, puesto que la religión no desaparecerá como factor en los conflictos, aunque su influencia puede canalizar la paz y unir a las familias. Ha sido un factor determinante en la configuración de las sociedades a lo largo de la historia, influyendo en la cultura, la política y en los conflictos armados. Es que política y la religión han interactuado históricamente en diferentes contextos y su vínculo continúa a lo largo del tiempo.

Lo cierto es que los gobiernos adictos a los conflictos bélicos ya no acatan los llamados a la paz y el respeto a la vida, a los derechos adquiridos de la humanidad, formulados por los papas y demás jerarcas eclesiásticos católicos o evangélicos del planeta que habitamos. La muestra la tenemos con los ruegos del Vaticano para que termine la guerra entre Rusia y Ucrania o la de Israel y Hamás de Gaza, conflagraciones que han matado a miles de personas inocentes. Todo sigue normal.

La religión siempre ha sido utilizada por los gobiernos como instrumento de pacificación y control de las mentes soberbias a cambio de recibir beneficios coyunturales, como exoneraciones de vehículos y otros servicios, donaciones de terrenos para construcción de iglesias. Décadas pasadas, la gente le temía más a Dios, tenían confianza en los sacerdotes, porque le metieron en la cabeza que si portaba mal, luego de morir, iría derecho a un infierno que no existe. Ese temor se ha extinguido en muchos humanos debido, en parte, a la voracidad sexual de algunos obispos, curas, pastores, contra adolescentes de ambos sexos e incluso monjas. Esas acciones depredadoras han creado las condiciones para las personas pierdan la fe en la religión y de que los templos luzcan vacíos.

Desde las Cruzadas, la religión ha servido como arma ideológica. Algunos historiadores consideran que las diferencias religiosas y culturales son las principales fuentes de conflicto en el mundo posguerra fría. Señalan que muchas guerras atribuidas a la religión tienen raíces económicas o políticas y que la fe es instrumentalizada para galvanizar a las masas.

Una publicación del 5 junio de 2025 en la biblioteca virtual describe algunos pormenores de ese tema al destacar que a lo largo de la historia, varias batallas bélicas han sido libradas en nombre de la religión. Aunque las motivaciones incluían intereses económicos y expansionistas, la retórica religiosa fue clave para movilizar ejércitos. De manera similar, se recuerda la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) en Europa que enfrentó a católicos y protestantes en un conflicto que devastó gran parte del continente.

Cita que en tiempos más recientes, la partición de India y Pakistán en 1947 derivó en violencia sectaria entre hindúes y musulmanes, dejando cientos de miles de muertos. Aunque el conflicto tenía bases políticas y coloniales, la religión exacerbó las tensiones entre comunidades. Otro caso emblemático fue el de Irlanda del Norte, donde el conflicto entre unionistas protestantes y nacionalistas católicos duró décadas, demostrando cómo las identidades religiosas pueden alimentar divisiones sociales profundas”.

Analizando la geopolítica moderna encontramos detalles que pintan a la religión como un factor influyente en numerosas conflagraciones, aunque su papel suele entrelazarse con intereses políticos, económicos y estratégicos. Un ejemplo claro es la situación en Oriente Medio, donde las divisiones entre suníes y chiíes han sido explotadas por potencias regionales e internacionales para consolidar alianzas o desestabilizar adversarios. Arabia Saudita e Irán han utilizado el sectarismo religioso como herramienta de influencia en países como Yemen, Siria e Irak.

Se reconoce que las instituciones religiosas también pueden actuar como redes de apoyo humanitario en medio de guerras, habilitando refugios hasta la distribución de alimentos en territorios en crisis. El problema es que los soldados de guerras, que siguen instrucciones de sus líderes matones y que oran antes de entrar en combate, atacan por igual las instalaciones de iglesias, refugios, hospitales y lugares de acopios de alimentos para civiles, dando muestras de que no respetan las religiones.

De la religión se ha dicho muchas cosas interesantes. Karl Marx, filósofo, economista e intelectual, en su obra “Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel” (1843), expresaba que esa doctrina “es el opio de los pueblos” y que era un mecanismo que distrae a las masas de las injusticias y desigualdades en la sociedad capitalista. Es una correcta apreciación.

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